Argentina confirmó la semana pasada los primeros focos de scrapie clásico (prurigo lumbar) en su historia sanitaria moderna. El SENASA identificó la enfermedad en tres reproductores ovinos de raza Dorper ubicados en establecimientos de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, animales importados desde Paraguay entre 2021 y 2022 en cumplimiento de los requisitos vigentes al momento de su ingreso, incluyendo los controles postingreso previstos en la Res. N° 733/2019. Los animales murieron de manera natural entre febrero y mayo de 2025 sin presentar signos clínicos. Las muestras fueron remitidas a un laboratorio de referencia en España, donde la técnica Western Blot confirmó la presencia del scrapie clásico.
Conforme a los protocolos internacionales, el SENASA notificó el hallazgo a la OMSA. Desde ese momento, Argentina perdió el estatus de “país libre de prurigo lumbar (scrapie)” que sostenía sin interrupciones, con consecuencias comerciales inmediatas y de alcance más amplio del que el público general del sector anticipa.
El scrapie pertenece al grupo de las encefalopatías espongiformes transmisibles (EET), el mismo que incluye la encefalopatía espongiforme bovina. No es una zoonosis, no representa riesgo para la salud humana y la OMSA no considera a la carne ovina una mercancía de riesgo. Sin embargo, por integrar ese grupo, es una enfermedad de declaración obligatoria ante la OMSA y su sola detección activa mecanismos comerciales con efecto inmediato.
El mecanismo central es la cláusula de condición-país. Los protocolos bilaterales de exportación de productos de origen animal incluyen, en la mayoría de los casos, una declaración formal de que Argentina está libre de determinadas enfermedades ante la OMSA. El scrapie figura en esa lista en casi todos los protocolos que involucran productos ovinos, caprinos o sus derivados y también en un número significativo de protocolos de otras especies, porque la cláusula opera como una declaración sanitaria general. Al perderse el estatus, esa cláusula queda incumplida y el protocolo queda en suspenso hasta que el país exportador renegocie las condiciones individualmente con cada destino o recupere el estatus ante la OMSA.
Según información disponible, cerca de 200 protocolos de exportación de productos y subproductos de origen animal están en riesgo de quedar suspendidos en 78 países. Una parte contiene mención explícita a scrapie o prurigo lumbar en el texto de la cláusula, con destinos que incluyen Perú, Uruguay, Chile, Colombia, Brasil, Sudáfrica, China, Japón, Gran Bretaña y la Unión Económica Euroasiática, entre otros. El resto invoca la condición genérica de “país libre” declarada ante la OMSA.
El impacto trasciende al sector ovino porque el SENASA emitió certificados multiespecie. Eso significa que la inactivación en el sistema SIGCER alcanzó exportaciones de harinas de carne y hueso, sebo, hemoderivados, gelatina, colágeno, lácteos y alimentos para mascotas. Las estimaciones del sector ubican las exportaciones potencialmente comprometidas en torno a los USD 300 millones anuales, aunque los datos oficiales desagregados no se encuentran disponibles públicamente. Chile cerró su frontera a los ovinos en pie y subproductos de manera inmediata. La Patagonia enfrenta la mayor exposición de corto plazo por su dependencia de la exportación de carne ovina y su logística transcordillerana.
La distinción entre tipos de cláusula es crítica para definir la estrategia de cada exportador. Los protocolos que declaran que Argentina “nunca registró un caso de scrapie” son inviables en su redacción actual. Esa afirmación ya no puede sostenerse, y la única vía de recuperación es la sustitución integral del protocolo mediante negociación diplomática bilateral. Los protocolos que referencian el estatus ante la OMSA son, en principio, renegociables, porque admiten una adaptación a los estándares que la OMSA aplica a países no libres, sujeta a la aceptación del país importador.
Los productores con reproductores importados de Paraguay entre 2021 y los años siguientes deben verificar la trazabilidad de su rodeo, en particular la descendencia de esos animales, y comunicarse con el SENASA para integrarse al programa de vigilancia activa. El período de incubación prolongado del scrapie implica que puede haber animales infectados y asintomáticos en establecimientos que aún no están bajo control sanitario.
Los exportadores con embarques comprometidos o en tránsito deben evaluar opciones particulares, que pueden incluir redestinación hacia mercados que no exigen el estatus de libre de scrapie y revisión de la cobertura contractual de sus acuerdos frente a un cambio sobreviniente en el estatus sanitario del país exportador.
Aunque se están desarrollando distintas estrategias para mitigar los efectos, la vía más inmediata para reencauzar la situación general en caso de que los efectos se prolonguen en el mediano y largo plazo podría incluir la zonificación. Si el SENASA logra acreditar ante la OMSA que áreas sanitarias específicas no registran focos, los protocolos vinculados a producción de esa región podrían recuperarse antes que los del resto del país. Argentina cuenta con el antecedente de zonas libres de fiebre aftosa reconocidas por la OMSA, lo que hace plausible ese camino. El proceso, sin embargo, requiere vigilancia epidemiológica sostenida, ausencia de nuevos focos en la región y aprobación formal de la OMSA en plazos que hoy son inciertos.
La recuperación del estatus nacional completo es un objetivo de mediano a largo plazo que demandará erradicación demostrada, programa de vigilancia activa y reconocimiento internacional.